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De los antisépticos a las vacunas: los diez científicos que más vidas han salvado.

 

Si la esperanza de vida del ser humano se ha multiplicado varias veces en los últimos dos siglos no es por casualidad: el avance de la ciencia y la medicina nos ha ayudado a vivir más sanos, a conservarnos mejor y con ello, a vivir más tiempo. Ese avance del que hablamos parece algo general, inconcreto y sin cara. En este artículo se destacan algunos de los científicos y sus descubrimientos.

LOUIS PASTEUR: LA TEORÍA DE LOS GÉRMENES

Louis Pasteur destacó desde joven por su imaginación, una característica que le ayudó a desarrollar el que sería su mayor logro científico: demostrar la teoría de que eran los gérmenes los que causaban las enfermedades que padecían los humanos, una idea que revolucionó la práctica médica y le coronó como el fundador de la microbiología. Además, esto le ayudó a desarrollar el método de la pasteurización, un procedimiento empleado en todo el mundo para la conservación de los alimentos.

La microbiología dio pie a innovaciones tan importantes como las vacunas, los antibióticos, la esterilización y la higiene para evitar la dispersión de enfermedades infecciosas. Sus ideas son la base de la medicina moderna, al demostrar que una enfermedad es el efecto visible de una causa concreta que puede ser encontrada y eliminada mediante un tratamiento específico. Sería imposible calcular la cantidad de vidas que se han salvado gracias a los avances desarrollados por Pasteur, así como los nacidos a partir de sus ideas.

JOSEPH LISTER: LOS ANTISÉPTICOS

El cirujano inglés Joseph Lister observó durante su práctica médica que la infección y putrefacción de las heridas quirúrgicas causaba una alta mortalidad en los hospitales: entre el 30 y el 50% de los pacientes fallecían a causa de la gangrena y otras infecciones postoperatorias. Lister conocía las ideas de Pasteur. Sabía que el francés había demostrado que era la llegada de gérmenes lo que causaba la putrefacción de la materia, y que ésta no se producía si se mantenía fuera del contacto del aire.

A partir de estas nociones, y a base de probar, desarrolló la práctica quirúrgica de la asepsia y la antisepsia, con lo que mejoró la recuperación y la supervivencia postoperatoria de sus pacientes. El desarrollo por su parte de distintos procesos y productos antisépticos, así como la apertura de esta vía de investigación, ha salvado la vida de millones de pacientes sometidos a cirugía desde hace más de un siglo y en todo el mundo.

KARL LANDSTEINER: LOS GRUPOS SANGUÍNEOS

Este patólogo y biólogo austriaco descubrió y clasificó los grupos sanguíneos. Las primeras transfusiones siguiendo sus criterios de compatibilidad se llevaron a cabo en el Hospital Monte Sinaí de Nueva York en 1907. Pocos años después, en la Universidad de Buenos Aires, se realizó con éxito la primera transfusión de sangre indirecta en un ser humano, y en 1916 se comenzó a utilizar un anticoagulante para conservar muestras de sangre durante dos o tres semanas. Con este sistema se salvaron miles de vidas durante la Primera Guerra Mundial, y se calcula que más de mil millones desde entonces hasta hoy. Un sistema que habría sido imposible sin las aportaciones de Landsteiner. Por ello recibió el Nobel de Medicina y Fisiología en 1930.

NORMAN BORLAUG: LA REVOLUCIÓN VERDE

Estadounidense de nacimientos e ingeniero agrónomo de formación, Borlaug está considerado por muchos el padre de la agricultura moderna y de la revolución verde. Entre 1964 y 1979 dirigió el Centro Internacional de Mejoramiento del Maíz y el Trigo en México, y su trabajo allí supuso un enorme salto en la tecnología de mejora y selección de semillas. Sus desarrollos dieron pie a variedades enanas de trigo de alto rendimiento, que se adaptaban con facilidad y resistían a enfermedades comunes en este cultivo.

Su expansión ayudó a muchas comunidades de países en desarrollo a acceder a alimentos suficientes para mantenerse y crecer. Aunque a día de hoy todavía más de mil millones de personas en el mundo pasan hambre, el porcentaje es el más bajo de la historia. Se calcula que gracias a los desarrollos de Borlaug se han salvado 260 millones de vidas en el mundo. Ganó el Premio Nobel de la Paz en 1970.

EDWARD JENNER Y WILLIAM FOEGE: FIN DE LA VIRUELA

Edward Jenner fue un médico inglés considerado a veces el padre de la inmunología por sus trabajos con la vacuna de la viruela, la primera vacuna del mundo. Aunque la inoculación era común en su época, era un proceso con muchos riesgos y poco entendidos. Por entonces ya era un hecho conocido que las lecheras solían ser inmunes a la viruela, y Jenner postuló que esto se debía a que su contacto durante el ordeñado con el pus de las ampollas de las vacas (que contenía el virus de la viruela bovina, similar a la viruela humana) les protegía del virus. Puso a prueba su hipótesis inoculando a una serie de pacientes y exponiéndoles después al virus, y las pruebas tuvieron éxito en todos los casos.

Pero cuando en 1979 se declaró por fin erradicada la viruela en el mundo, también fue, en gran parte, por los esfuerzos de este médico estadounidense, considerado el responsable de la estrategia global de vacunación. Antes del desarrollo de esa estrategia, se creía que sería necesario vacunar a entre el 80 y el 100% de la población mundial para eliminar definitivamente la enfermedad. Una tarea titánica, si no directamente imposible. Con el plan de Foege solo fue necesario inmunizar al 7% para erradicar la viruela. Su intervención y el objetivo alcanzado han salvado la vida de 131 millones de personas.

JOHN ENDERS: CONTRA EL SARAMPIÓN Y LA POLIO

En 1949, John Enders, Thomas Weller y Frederik Robbins idearon un método para multiplicar el virus de la polio en cultivos humanos no nerviosos. Este descubrimiento, que les hizo ganar el premio Nobel de Medicina en 1954, fue clave para que en 1952, otro científico, Jonas Salk, pudiese producir este virus en grandes cantidades, y después una campaña de vacunación contra la polio.

Salk anunció el éxito de su campaña de vacunación y eso le convirtió en un héroe popular, pero lo hizo sin dar crédito a otros investigadores que habían participado en el desarrollo, lo que le valió cierto aislamiento de la comunidad científica. Mientras, Enders y otros colaboradores lograron aislar el virus del sarampión, y comenzaron a desarrollar una vacuna contra esta enfermedad. En 1960, Enders y su equipo comenzaron sus ensayos en 1.500 niños de Nueva York y 4.000 en Nigeria. Desde entonces, se calcula que sus desarrollos han salvado la vida a más de 120 millones de personas en todo el mundo.

ABEL WOLMAN: CLORACIÓN DEL AGUA

Hijo de inmigrantes polacos en Baltimore, Wolman estudió ingeniería y comenzó a trabajar en el Departamento de Salud Pública de Meryland. Fue allí donde diseñó un método para estandarizar y automatizar el uso de cloro para desinfectar el agua de consumo, una forma eficaz de eliminar la dispersión de enfermedades infecciosas a través del agua como la disentería o el tifus. La idea no era nueva. La primera patente de un sistema de clorado del agua data de 1888, pero había un problema: aunque se sabía que el cloro mataba las bacterias, el proceso no era del todo entendido y el cloro es venenoso si no se maneja bien. Esto causaba enormes problemas a los responsables de los sistemas de alcantarillado.

Trabajando con otro compañero, Wolman dio con la fórmula para emplear cloro en el aprovisionamiento de agua en las ciudades, incluyendo todos los factores relevantes, desde la seguridad hasta el sabor final del agua. Se tratado de los primeros estándares científicos rigurosos para que la cloración se realizase de forma controlada y segura. Se calcula que sus desarrollos han servido para salvar la vida de 173 millones de personas en todo el mundo.

ALEXANDER FLEMING, HOWARD FLOREY Y BORIS CHAIN: PENICILINA

Cuando Fleming observó por primera vez el poder antibiótico de la penicilina, fue por casualidad, lo cual no quita mérito a su avance sino que destaca su enorme capacidad de percepción e intuición. Sin embargo, no todo fue casual: el científico escocés, impresionado por la imagen de los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial, trataba de encontrar una sustancia bactericida. Cuando al volver de un mes de vacaciones, en septiembre de 1928, vio algunos cultivos contaminados, los desechó sin dudar, pero al volver sobre ellos más tarde vio que alrededor de los hongos contaminantes las bacterias no crecían. Acababa de dar con el hongo Penicillium notatum.

Howard Florey y Boris Chain se interesaron por el hallazgo de Flemming. A diferencia del escocés, que trabajaba solo, estos dos investigadores reunieron a un gran equipo, promovido por la curiosidad científica. Fueron ellos los que lograron purificar y producir la penilicilina como medicamento a partir del hongo, y con ello convertirlo en el primer antibiótico utilizado ampliamente en medicina que ha salvado la vida a más de 80 millones de personas. Los tres recibieron el Premio Nobel de Medicina en 1945.

DAVID NALIN: TERAPIA DE REHIDRATACIÓN ORAL

Este médico estadounidense ha ganado los premios más prestigiosos del mundo en investigación pediátrica gracias al desarrollo de la terapia de rehidratación oral (ORT), el tratamiento empleado en casos de deshidratación. Cuando Nalin tenía 26 años y trabajaba en un laboratorio de Bangladesh, vivió de primera mano una epidemia de Cólera. Hasta ese momento, la única forma eficaz de rehidratar a los pacientes era con fluidos intravenosos, algo a lo que muchos pacientes en lugares pobres o aislados no podían acceder. Nalin pensó que un tratamiento oral podría sustituir a los intravenosos en la mayoría de los casos de diarrea. La fórmula no contiene solo agua, sino también sales y azúcares en porcentajes muy específicos. Se estima que este desarrollo ha salvado unos 60 millones de vidas en todo el mundo.

GASTON RAMON: VACUNA DE LA DIFTERIA

Cuando el veterinario francés Ramon Gaston centró sus esfuerzos en luchar contra la difteria y el tétanos, otros antes de él ya habían identificado el patógeno que las causaba y habían avanzado en la investigación. Pero fueron sus descubrimientos los que permitieron que ambas vacunas se produjesen en masa, demostrando así se una forma efectiva de combatir estas enfermedades a escala mundial.

La difteria es una enfermedad infecciosa que puede ser mortal en muchos casos, especialmente en los niños. Gaston descubrió que disolviendo la toxina que produce la difteria en formalina, un compuesto a partir de la formaldehída, podía obtener una antitoxina lo suficientemente débil como para evitar la infección, pero lo suficientemente efectiva como para desatar la respuesta inmunitaria. Su formulación tuvo como resultado una producto muy preciso que se utilizó en muchos países para luchar contra la difteria a gran escala.